martes, 10 de julio de 2012


CALZONAZOS    (ERA, AHORA ME RIO)

Muy joven conocí a la que pensé seria la compañera ideal para el resto de mi vida, pero,  por desgracia,  también conocí tiempo después a las que tenian que ser mi suegra y cuñada.
Mi  pareja era la más joven de las dos hermanas con una notable diferencia. Aunque mientras duró el noviazgo todo fueron atenciones por el resto de las mujeres:  la comida preferida,  el vino  deseado… en fin, por lo cual pensé que seria ideal estar entre las tres, enorme error del cual me di cuenta demasiado tarde. Cuando ya estaba casado y las tenia puestas a pan y cuchillo en mi casa la cual compre con los ahorros de mi vida, hasta entonces sin aportar nada ninguna: sólo su presencia.
En los primeros tiempos con algo de dinero  ayudaban al mantenimiento de la casa pero  poco a poco cada vez menos. Pero sí tenían dinero para irse al bingo casi cada día por lo cual todos los gastos: hipoteca, comida, artículos de limpieza y de tocador para las tres. Todo esto me llevó poco a poco a endeudarme un poco más cada día  y entonces tuve que oír que el que debía mantenerlas era yo como hombre de la casa y si no ganaba bastante que buscara otro trabajo adicional.
Mi compañera, en vez de apoyarme, daba la razón a su familia; yo era como un extraño en aquella casa, no hubo bastante con todo esto que una de sus primas del pueblo se presentó en mi domicilio ya que venia a buscar trabajo, pero esto solo fueron palabras; no la vi ni un solo día que lo hiciera y además se sumó a las críticas contra mí,  o sea, otra boca a la cual mantener y allí nadie hacia nada ni contribuía con nada; bueno, sí hacían algo: criticarme y tratarme de mala manera. Era, según ellas, un pobre hombre que era incapaz de llevar una familia.
Realmente estaba desesperado, tuve que dejar de fumar, de comprarme el periódico y de todos los mínimos caprichos que pudiera tener sólo para no gastar. No coger el coche para ir al trabajo, sacarlo del aparcamiento, o sea reducir los gastos, pero ni así querían trabajar, eso sí, ver la tele era algo tan necesario, que si quería ver algo debía ir a casa del vecino, el cual siempre me atendió con cierta lastima y dándome consejos.
Pero, no sé por qué digo todo esto si ya se acabó.  Estoy escribiendo esta nota desde
una isla del pacifico que no diré cual es para que no vengan a buscarme.
Seguro que te preguntarás  cómo es que he ido allí, pues muy fácil: hubo alguna cosa que no suprimí, pues siempre pensé que podría ser la solución a todos los problemas y la verdad , que tuve la suerte de coger un primer y único premio de la primitiva. No dije nada, pagué todas las deudas que tenía, miré el mapa,   fuí a una agencia de viajes,  encargué pasaje para esta isla en la cual había unas entidades bancarias a las cuales trasladé mi premio.
Me fui a trabajar y pedí la cuenta, cosa que les alegró,  ya que poco  trabajo había y yo era un sueldo menos, no hubo inconveniente.
Llegué a mi casa y las invite a cenar a un restaurante, diciéndoles que me habían despedido y me habían dado la liquidación pertinente.
No quieras saber, la que se armó: ni una palabra de apoyo,  sólo quisieron saber cuánto me habían dado y cuándo volvería a trabajar, que si trabajar yo, no ellas.
Y muy ufano les dije que a partir de ahora si querían comer deberían  trabajar que este era el último dinero que verían de mi parte.
Mi compañera, molesta, me dijo que se divorciaría si actuaba así, ¡qué ilusión me hicieron  estas palabras…!
Yo sólo le dije que con lo que ganaba  y menos ahora sin trabajo poco o nada le podía dar, con lo cual lo único era la liquidación  que había cobrado. Si con esto se conformaba,  por mí no había inconveniente en firmar el divorcio.  Y así fue,  en dos días estaba libre y con unos cuantos millones en el bolsillo, bueno,  en el banco.
Ahora,  tomando el sol, rodeado de bellas mujeres que no buscan nada, sólo una amistad pues nunca les he dicho que soy divorciado, sólo que mi Sra., vendrá dentro de unos días, así me evito compromisos y no doy lugar a falsas ilusiones.
Lo que ocurre que dentro de unos días marcharé a otra de estas bellas islas, donde me he comprado una bonita mansión con todos los adelantos posibles y servidumbre.
Ahora…¡ A vivir que son cuatro días…!


Magi Balsells
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